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Nico Casas

Mis aventuras en la montaña…

Sobre el estúpido ego y un campanario

Últimamente cada vez que intento planificar una temporada de carreras, por una cosa u otra, siempre toca improvisar y cambiar de planes. Este año parecía que podía conseguir una invitación para la increíble carrera que es Zegama, pero al final se fue al traste. Me alegra un montón que un compañero del club, Paco, pudiera correrla.

Siempre antes de correr una ultra me gusta correr una carrera de distancia maratón. De esa manera puedo probar el tema de alimentación y demás cosas que pueden suceder en una carrera más larga. Además, ya por experiencia, tengo más o menos los tiempos de recuperación calculados. Así que a principios de año me encontraba inscrito en la Mitic (carrera que repetiré para mejorar el tiempo y sobretodo las sensaciones) y con una invitación para Ultrapirineu (sería mi tercera participación consecutiva). Vamos, calcando el 2016 un año después. La verdad es que no me parecía muy atractivo que digamos, enfrentarte de nuevo a lo mismo de siempre.

E ahí el dilema, si la vas a hacer grande tienes que estar motivado. Así que teniendo una semana de vacaciones en esas fechas, vi que UltraCerdanya (antigua VCUF) se disputaba de nuevo en junio. He participado en varias ediciones de la carrera de casa. En 2014 en la CMC que constaba de 37Km y en 2015 en el medio maratón un sábado y al siguiente en el maratón. Así que se planteaba un regreso, y claro hay un maratón, ideal para la Mitic pensaréis. Pues aquí el tipo que escribe no pensaba mucho en maratones.

Sería difícil señalar una sola cosa que me tirara a practicar pruebas de larga distancia, pero una de ellas fue ver a la gente que lograba dar la vuelta al enorme valle de la Cerdanya. 214 km ni más ni menos. Verlos entrar por la plaza del campanario de Puigcerdà, después de haber conseguido dicho reto era un espectáculo. Así que los cantos de sirena me decían: “ya has entrado dos veces por esa plaza corriendo un maratón o similar, apúntate a la ultra”. Obviamente la antigua ultra de 214 km esta extinta, en la que voy a participar los números son de 85Km para unos 4500m D+. No le quito dureza a la prueba, pero obviamente no es lo mismo.

Lo que aquí cuento como una anécdota, en la que parece que un día me levanto y decido hacerlo, a sido un debate un poco más largo. En un primer momento sólo es una lucha interna, entre yo y mi ego. Habréis visto que lo de la plaza y el campanario tiene mucho significado para mi. Cuando éramos pequeños, de vuelta de los viajes largos siempre jugábamos a ver quien era el primero en ver el campanario con mis hermanos. A eso y a ver quien se sentaba a los lados, el medio era el peor lugar de los tres. También hemos pasado muchos buenos momentos jugando y de más mayores pues en noches de verano y tal. Como veréis Puigcerdà no es una gran ciudad así que es fácil tener un lugar simbólico y único. Y claro ahí esta el ego diciendo haz la grande y acaba con esto, y la razón golpeándome en la cabeza, diciéndome que el maratón ya esta muy bien, que así me aseguro la recuperación.

Algo más adelante y con todo ese batiburrillo en mi cabeza, decido aligerar lastre y comentarlo con Bea. Ella se ríe y me dice que sabe que acabaré en la larga. Me conoce muy bien. También lo voy soltando a cuentagotas y como una posibilidad y no un hecho, entre compañeros con los que he compartido o compartiremos alguna carrera. La mayoría me dice que no es factible. Yo les digo que iré con el freno de mano puesto y regulando, pero ni aún así les convenzo. Solo una persona, Albert, que cuenta con un montón de Ultras a sus espaldas me dice que si, que adelante. Os he hablado de él en las entradas de Ultrapirineu. Esta muy loco. (pero loco de los buenos).

El escuchar tantas voces diciendo que no era posible me hizo cuestionarme un montón las cosas. Me recordó a mi primera ultra. Entonces un montón de gente me dijo que no podría. Esa vez se equivocaron, pero porque esas voces eran de gente que no corría o no tenía la experiencia. Venir de gente del mundillo ya es más complicado. Debo reconocer que ahí me planteé unos instantes correr la maratón y punto.

Este debate me llevó del mes de enero a mayo, formalicé mi inscripción bastante tarde para ser una carrera de larga distancia. Al final el ego pudo a la razón y es que a veces hay que arriesgarse. Me conozco y si lo hubiera hecho de otra manera me habría pasado el año dándole más vueltas. Empecé a correr carreras antes, el cros de Andorra, luego vendría la Cerdanya Skyline, la durísima Cursa dels Banders, los 10Km de asfalto de la cursa de Caldea y la ya clásica Escanyabocs. Tengo la intuición de que llego en un estado de forma algo mejor que el año anterior y ahora os diría que si, que si es posible, pero eso ya se verá.

Sé que esta vez no voy a ganar en el juego de ser el primero en ver el campanario, no es mi objetivo. No sé si sabré correr con el freno de mano puesto, lo que sé es que he hecho todo lo posible para hacer una buena carrera y espero saber seguir haciéndolo bien después, para llegar a la Mitic.

Sobre principios

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En la foto que veis arriba, soy el chaval de la camiseta amarilla. Recuerdo que fue mi primera carrera. Fue en algún tipo de carrera escolar que reunía a los chicos de los colegios de la Cerdanya y si no me equivoco, también de algunos colegios franceses. También recuerdo que el circuito era subir la cuesta que lleva al polideportivo, vamos algo cortito. Pero lo que no olvido fue, que a dos pasos de arrancar alguien me trastabilló sin querer y que me rasqué toda la cadera. Por aquel entonces me parecía una herida mortal.

Así empezaría el gusanillo y supongo que también algunas de las batallitas que contar en comidas familiares. Y es que me empezaría a apuntar a los croses escolares. Sin entrenar ni un día por la causa, pero ahí que iba. Algunas veces no se me daba tan mal y creo que hay una copa pillando polvo en el sótano de la tienda de mi padre. Lo de las batallitas viene a que a mi no se me daba tan mal, pero a mi hermana se le daba de la hostia, y nadie olvida que en un cros en Montellà me desvié al no entender una indicación de un voluntario y me perdí. Eso marca. Basta decir que llegué el último pero en el recuerdo familiar parece como si me hubiera perdido en todas las carreras. Recuerdo que mi madre me preguntó que porque iba a las carreras y mi respuesta fue porque me sirven para viajar. La verdad es que participaba en los croses y las carreras de natación escolares, que clasificaban para los territoriales, donde evidentemente me fundían, pero por un fin de semana era como ir de colonias.

Qué a que viene todo esto? Pues a que el año pasado escuché hablar a Marc Pubill del cros de Andorra, que nos coincidió con la Cerdanya Skyline. Me pareció que este año sería un bonito principio. Es temprano, y supongo que como el chaval de la foto no llevo en las piernas el entreno necesario, pero ahí que vamos!!

P.D. Todavía cuando voy a una carrera de trail me piden que no me pierda, escondiendo una sonrisita por debajo de la nariz. Evidentemente me he perdido en más de una. Supongo que soy el mismo a pesar de volver a empezar una y otra vez.

 

UltraPirineu 2016

Previo a la carrera

Después de la Mític, costó un poco recuperar las piernas. Pero con paciencia fui encontrando de nuevo las sensaciones. Una de las premisas que me puse en los entrenamientos fue la de comer cada hora. La clave para la carrera debía pasar por tolerar mejor geles, barritas y bebidas que en la Mític. La idea básica era evitar dolores estomacales y los pajarones que los acompañan. Esa parte salió bien, por lo que me sentía realmente confiado y el único recuerdo que tenía de la Mític en el previo eran unas molestias en el psoas. En una entrevista previa a una UTMB Miguel Heras decía algo así como: “quien no llega con algún rasguño (refiriéndose a molestias o problemillas) a estas carreras, es que no ha hecho lo necesario para estar en la línea de salida.” Así que me lo tomo al pie de la letra, no voy a contradecir a un campeón.

Una de las buenas noticias que tuve a lo largo del verano fue que Viladomat, la empresa para la que trabajo, me iba a apoyar a través de la marca francesa Raidlight. Es innegable que fue una motivación extra para seguir golpeando los caminos, y algo de presión extra obviamente para mejorar.

Llegamos a Bagà por la tarde del viernes, la idea recoger el dorsal y volverse a casa. Nada más llegar empieza a llover. Me encuentro con Albert Calvó, con quien ya coincidí en la anterior edición. Me pregunta como me planteo la carrera. Le comento que igual que el año anterior salir rápido y ver como me voy regulando. Él se ríe porque en 2015 me sobrepasó en uno de los últimos avituallamientos y ya no lo alcancé. Respeto mucho a corredores como él que atesoran gran experiencia (él participaba por tercera vez en esta carrera, tiene dos Rondas, Mític…) y me gusta escucharlos, pero sé que mañana no sabré salir despacio. Nos cae un gran aguacero pero antes de abandonar Bagà pasamos con Bea por el arco de salida y aprovecho para saludar a los chicos de Amer.

Por cercanía, la noche anterior duermo en Puigcerdà, en casa de mis padres. Voy temprano porque me despertaré sobre las 4:30 para desayunar y me sorprendo con la facilidad que concilio el sueño. Me como el típico pastel energético y bebo bastante agua. Sobre las 5:30 cogemos el coche con mi padre, pongo algo de música jazz, me siento bastante relajado y sólo pienso de vez en cuando en el psoas.

Me gusta entrar temprano en el corralillo, me coloco en el mismo sitio que el año anterior, bastante cerca de donde se colocará la élite y escorado a la derecha. Manías, que si un día fue bien pues lo mantengo. Que tonterías que tenemos. Al rato se va llenando y veo a Albert. Me comenta si seguiré con la idea de salir fuerte, si no aprendí nada, y tirando de ironía me muerdo una mano haciendo el gesto de: a machete. Se nota que esta edición no es tan deslumbrante por delante como la anterior, y es que ni esta Kilian, ni Núria, ni Emelie, ni Mira… Pero en un instante y fuera del corralillo de élite se aparece Miguel Heras. Supongo que escapa de las preguntas de Depa, el speaker, y charlamos de como ve el tema y si nos va a pillar mucho frío por el Niu. A los pocos minutos de la salida se despide y se pone delante. Nos damos la mano con Albert y con otro andorrano que se nos ha unido y que me perdonará pero no recuerdo su nombre. Todos más o menos tenemos un tiempo objetivo similar.

Haciendo el tonto el día antes.

 

Bagà-Rebost: Al principio todos somos niños.

Suenan los acordes del último mohicano, y rodeado de unas mil personas es inevitable que se tensen un poco los músculos. Con poca gente lo he comentado, pero lo cierto es que no creo que pueda mejorar el tiempo de los dos primeros cortes. La salida es una locura, se abandona la plaza porxada por un estrecho callejón. Se forma un gran embudo y después se atraviesan las calles de Bagà. Algunos corredores salen como al sprint, otros saludan a las gentes que se agolpan a los laterales y yo busco un ritmo cómodo que me ubique en una posición intermedia.

El principio de esta carrera es un ascenso de 1900 metros de desnivel en unos 14 km, hasta el Refugi de niu de l’àliga. Subo a un ritmo bastante bueno y en los trozos de pista puedo correr bien. Alternando los trozos de pista nos encontramos partes a través de bosque. En un momento escucho muchos gritos, aprovecho para sacar la cámara y grabar un poco a la gente que anima. Es espectacular el ambiente de esta prueba.

Llego al refugi de Rebost, primer control de carrera. Me llevo una buena sorpresa, paso con 1h19’38” casi dos minutos más rápido que la vez anterior. Además me siento bien y hace un tiempo que he decidido que como me ha sentado bien la comida y me queda la suficiente no voy a detenerme. Paso en posición 198.

Rebost-Niu de l’àliga: Un mar de nubes.

La cosa sigue subiendo y me siento bastante bien. Cuando empecé con esto disfrutaba más en las bajadas, ahora y gracias al esquí de montaña disfruto un montón las subidas. También conozco mucho mejor mi cuerpo. Ganando altura es inevitable alucinar con las vistas del Pedraforca a la izquierda, y un poco más arriba, del valle de la Cerdanya. Esta inundado en un mar de nubes, pero aquí nos da un sol buenísimo. Pienso que Bea estará muy preocupada. La verdad es que pasé más frío el año anterior, con un viento muy racheado. Antes de llegar al lomo que gira hacia la izquierda que nos llevará hasta el refugio, hay una subida que esta repleta de escalones altos. Para superarlos noto bastante molestia en el psoas, pero nada que no se pueda soportar. Pero en un descuido resbalo en una roca y golpeo mi pie dejándolo medio atascado entre dos piedras. Es justo en el lugar donde aparecen los juanetes y aunque yo no tengo, puedo sentir una punzada terrible. Cada apoyo después es un pinchazo, pero sigo avanzando fuerte con la intención de que entrando en calor se me pasará.

Divisando el Refugio hay un último tobogán una bajada para luego subir. Me encuentro entre un grupo de portugueses y es inevitable que les suelte un chascarrillo verde que me enseñó Paulo, un compañero del curro. A los chicos les hace gracia. Ya llegando al Refugio aprovecho para sacar de nuevo la cámara. Aquí se amontona mucha gente formando un pasillo al estilo del Tour de Francia y el subidón es brutal.

Al pasar el control mi tiempo es de 2h33’45” bajando 5 minutos mi registro anterior. En el avituallamiento aprovecho para hidratarme muy bien y comer, me lo tomo con calma pues creo que la cosa va mucho mejor de lo que esperaba. Posición 185.

Muy cerca del Refugio de Niu de l’Àliga, al fondo el valle de la Cerdanya inundado en nubes.

Niu de l’Àliga-Serrat de les Esposes. No todo iba a ser tan fácil.

Salgo de Refugio y me paro un segundo para guardar mis bastones a la espalda y reordenar un poco mi material. Al empezar el descenso pienso que lo de guardar los bastones tal vez no fuera mi mejor idea. La bajada empieza empinada, técnica y con las lluvias del día anterior bastante resbaladiza. El chico que va delante mío tropieza y se va al suelo. Mientras yo intento ir trampeando la bajada como puedo, pero según en que movimiento de estabilización notó el tirón en el psoas y el dolor en el pie no desaparece. Cuando por fin la bajada se suaviza, atravesando una pequeña tartera me tropiezo y me llevo un revolcón. Controlo que no se me haya caído nada y arranco, no sin antes maldecirme por ser tan tonto. La cosa es que no habrán pasado ni 200 metros que me vuelvo a ir al suelo. Vamos chaval que estas haciendo.

La bajada transcurre a través de bosque y después de mis caídas intento ir con más cuidado. La cosa esta complicada porque las raíces mojadas son muy resbaladizas. También mucha piedra mojada y un tramo en el que te descuelgas por unas rocas. Al final un murmullo y una cuesta que nos lleva al Serrat de les Esposes. Miro el reloj y vaya he perdido toda la ventaja que llevaba. 4h50’24” dos minutos peor que el año anterior y  posición 256.

Serrat de les Esposes-Bellver. Afrontar un mal recuerdo.

Me alimento lo mejor que puedo en el avituallamiento e intentando no perder demasiado tiempo me dispongo a subir los 200 metros de desnivel que hay antes del largo descenso hasta Bellver. La subida empieza algo fuerte pero la verdad es que ahora solo pienso en encontrarme con Bea y Alba. Inicio la bajada sin olvidar que el año anterior en uno de los últimos tramos, antes de pisar los caminos y carreteras que nos llevaban al polideportivo, me torcí el tobillo en una sección donde se atraviesa una zona de rocas grandes. Al pasarla bastante bien me relajo pero he de reconocer que he pasado muy atenazado y que en el tramo de camino y carreteras se hace patente el cansancio acumulado. La llegada al polideportivo es uno de esos momentos espectaculares. Las calles aledañas están llenas de gente animando, niños que ponen las manos para que choques y a lo lejos los gritos de Bea animando como siempre.

Antes de entrar controlan que llevemos todo el material obligatorio, una vez dentro no pierdo tiempo en coger comida y bebida. Las voluntarias, son chicas que iban algunos cursos por delante en el colegio, y al reconocerme dicen: “mira aquest és de Puigcerdà” y me dan ánimos. Me siento y Bea se ocupa un poco de todo. Como la pasta bastante absorto pues estoy bastante cansado. Me cambio la ropa y parece que pasados 30′ estoy algo mejor. Paso en 6h22′ con lo cual he ganado unos 10′ al crono anterior. Posición 302.

Bellver-Cortals. De nuevo a la carga.

Salgo del polideportivo y Bea me comenta que por ahí esta Alba con mis suegros. Al salir la escucho gritar: “Hola papa”, no creo que sea muy consciente del follón en el que estoy. Le doy un beso y salgo. Recuerdo que el año anterior caminé bastante por este tramo, este sin embargo puedo salir corriendo bastante rápido. Los besos de la mujer que amas y tu niña son mejor que cualquier hidrato de carbono jajaja. Voy recuperando posiciones y pienso que con las prisas apenas he podido atender a Bea en el avituallamiento. Comer, cambiarse la ropa, beber y reponer comida en la mochila ha sido la prioridad. Siempre espero que lo entienda pero no debe ser fácil.

Es inevitable levantar la mirada y ver que por arriba de la sierra del Cadí lucen unas nubes que no tienen nada de buena pinta. A mitad del ascenso siento un bajón así que bajo el ritmo como y bebo bien y llego a Cortals donde reponer el agua era fundamental, llegué sequísimo. Paso 39′ más rápido que el año anterior y siento que el objetivo de entrar en 20 horas no es tan imposible. Posición 316.

Cortals-Aguiló. Reencuentros.

Disfrutando de la carrera

En esta parte de la carrera se suben 921 metros y se descienden 510, no cabe duda de que es un tramo exigente.Trato de salir fuerte y encarar la subida con bastantes ganas, es como me sale natural y como disfruto. Llegando ya muy cerca del final de la subida me encuentro con Álex. Lo conocí en la salida de la Mític 2015, yo fui a animar a Jordi y él le acompañaba. El año pasado también coincidimos un rato juntos. Si no recuerdo mal fue antes de llegar a Cortals, así que me alegro de que él también vaya mejorando bastante. Me despido sin pararme mucho pues Álex está tomando un descanso y yo ya tengo la cabeza en Prats de Aguiló.

En este sector pasamos por debajo del Cadí, siempre tengo la sensación de ser pequeño al pasar por aquí, por encima la roca desnuda. La naturaleza tiene bellas formas de recordarnos que no somos nada. Cerca del refugio, avanzamos por un prado y acelero un poco el paso con la intención de alimentarme y afrontar uno de los pasos más chulos de la carrera. Paso 26′ más rápido que el año anterior y es que como decía este tramo es duro y se me ha hecho más largo. Posición 296.

Aguiló-Gósol. A por la butifarra

Después de una buena comilona y reencontrarme con Álex, salgo dispuesto a encarar la subida a el Pas dels Gosolans. Es el segundo punto más alto de la carrera. Las nubes que parecen que hoy se han quedado a habitar en la cima, amenazan lluvia así que poco después de salir me pongo la chaqueta.

Subida al Pas dels Gosolans, al fondo el refugi de Prats d’Aguiló

Como veis en la foto es una subida de las chulas, y con mucha piedra suelta. En algunos momentos parece que das dos pasos adelante y uno para atrás. Arriba hace algo de viento y las nubes bailan con el camino. La verdad es que me siento bastante bien y encaro la larga bajada al pueblo de Gósol con la idea de comerme la butifarra.

Hacia el final de la bajada me encuentro con una pareja, ella esta por la labor de retirarse aunque yo la veo muy sólida. También coincido con una de las chicas que apareció en el temps d’aventura, es valenciana creo que se llama Jessica Mataix.

Llego al segundo avituallamiento con la satisfacción de no haber tenido que usar el frontal, pues el año anterior lo tuve que encender a mitad de bajada. Al llegar, lo prometido, me pillo la butifarra y rápido recojo mi bolsa de vida. No cambio muchas cosas, la camiseta y poco más. Dudo entre cambiar mis zapatillas, pero la molestia en el pie no me ha abandonado y la horma es un poco más estrecha. Las tenía sobretodo por cambiar el drop y castigar un poco la musculatura delantera, en cambio de la trasera que ya lleva 74Km.

Me entretengo algo menos que la otra vez y me dispongo a ir al refugio de Estasen. Paso solo 2′ más rápido que el año anterior. (esto me extraña mucho, por lo de la luz sobretodo) Posición 296.

Gósol-Estasen. Error de novato.

Afronto un tramo de unos 9Km relativamente sencillos. Antes de abandonar el control de salida enciendo el frontal y la verdad es que debería haber esperado pues ciego a la chica. Parece una tontería pero no me doy cuenta de que llevo el frontal Petzl Nao a toda máquina, y eso es mucho. La verdad es que se agradece la luz, y al igual que en Bellver siento que salgo flechado con respecto al año anterior.

La luz se agradece por que este tramo es muy húmedo, bueno este y hasta el final. Se pone a llovisquear un poco, apenas nada pero la niebla baja bastante. Muy cerca de Estasen siento que el frontal empieza a parpadear (aviso de que la batería esta por morir) y me extraño. Vaya empanada que llevo. Llego al avituallamiento y lo apago sin preocuparme más. Paso 45′ más rápido que el tiempo del año anterior (esto tampoco me cuadra, creo que no perdí tanto, ni gané tanto en este sector.) Posición 272.

Estasen-Gresolet. Se desvanece todo un poco.

La verdad es que salgo animado con el tiempo. No me avituallo porque el siguiente avituallamiento esta a 3Km, aunque es una terrible bajada de 555m sobre un terreno super resbaladizo. El año pasado sufrí frenando demasiado y los cuadriceps lo pagaron. También me lleve dos caídas de las guapas. Intento salir fuerte y frenando lo justo para pasar el trago lo más rápido posible, pero al poco el frontal se pone en emergencia, es una luz muy ténue, que te da para salir de un marrón pero no para bajar como deseo. Error de novato. Saco el frontal de reserva y lo utilizo para cambiar la batería. Jessica pasa con otro chico y se detienen para ver si todo va bien. Una de las cosas que no se debieran perder de este deporte es el compañerismo por delante de la competición. Una vez apañado el tema del frontal, esta vez me aseguro que esta en modo reactivo con lo que no me tendría que preocupar en toda la noche.

La llovizna a dejado el terreno muy complicado, pero siento que bajo mucho más fluido que el año anterior. Rápido me junto con Jéssica y el otro corredor. Cuando todo tiene buena pinta de repente resbalo y en el acto reflejo de apoyar la mano golpeo una raíz y siento una punzada en la mano. Cuando la miro veo que tengo una herida en la palma pero con todo el barro ignoro si esta es para puntos o no. La verdad es que primero me preocupa que no me moleste con los bastones y luego que no me hagan retirarme. Jéssica y el chico de nuevo se detienen me sabe mal e intento que no se preocupen, ahora bajo más lento, algo aturdido. Rápido escuchamos los gritos de un megáfono y es que el chico del avituallamiento nos cuenta que son el avituallamiento más pobre pero el más fiestero. Doy fe. Me limpio bien la herida y dos voluntarios me desinfectan vendan y salgo de nuevo para delante. Ahora solo pienso en acabar y que no duela. Aquí no hay control de tiempo.

La mano unos días después.

Gresolet-Vents del Cadí. Haciendo de tripas corazón.

Son 10 Km con unos 400m positivos y otra larga bajada de unos 800 metros. El acojone de la caída se me a pasado pero en este tramo el gemelo se me ha cargado sobre manera y es un dolor que ya no me permite llevar una zancada normal (si normal es la zancada que das a estas alturas. Tengo la sospecha que con el drop alto tal vez no hubiera ocurrido, pero nunca lo sabré.) Como puedo llego al avituallamiento y trato de alimentarme bien. El siguiente está a 4Km tras la famosa subida a els Empedrats y este ya no es muy extenso y sé que una vez arriba las ganas de llegar a Bagà serán enormes. Aquí tampoco hay control de tiempo.

Vents del Cadí-Sant Jordi. Els empedrats se me atragantan

Este tramo transcurre por un lugar que me consta que de día es precioso. Se suben unos 700 metros, y aunque parezca una tontería, en carrera mido los metros como en los entrenos. Pienso: “esto es como subir a Rámio desde casa y tengo el culo pelado de hacerlo.” La realidad bien diferente hace que en un sitio donde el año pasado disfruté subiendo fuerte, este año me sienta pesado. El gemelo no me deje pensar con la claridad que ahora agradecería y que los pasos del río a través de piedras mojadas además por la lluvia sea angustioso. Este sector no lo afronté como psicológicamente debiera, soy consciente, pero el cansancio juega malas pasadas a estas alturas. Poco antes de llegar al refugio hay un barrizal rojo en el que la zapatilla se hunde y gana ese peso que tanto nos gusta ahora al final. No cabe duda que llegar supuso un alivio. Comí un poco de frutos secos y chocolate y pedí que me dijeran con sinceridad en que consistía la última subida. “Son 250m. sin metiras.” Paso 50′ más rápido y en posición 243.

Sant Jordi-Bagà. Llegar cuanto antes.

Soy consciente antes de abandonar el avituallamiento que el objetivo de llegar dentro de las 20 horas va a ser imposible pero también sabía que la renta era buena para mejorar. Encaro la última subida con la duda sobre como responderá mi pierna en el descenso de 1000 metros que me esperan. Es una bajada que en su mayor parte transcurre por pista ancha y algo de carretera. No consigo correr muy suelto pero el no tener que hacerlo caminado ya es mucho. Ya en la carretera sé que ya lo tengo, atravieso el trozito del camping, que sufrimiento… y entro en Bagà. A lo lejos Bea me grita pero hoy voy concentrado en llegar rápido y no me detengo para darle un beso, que bien merecido tenía, pero como os cuento iba concentrado en no perder posiciones. Siempre cuando veo el arco de una carrera larga me dan ganas de llorar, se sufre para llegar, tanto como se disfruta. El día que no me emocione habrá perdido el sentido seguir haciéndolo y contaré batallitas en el bar. He conseguido entrar el 240 de los 1000 y algo que salíamos. He llegado en 21h49’40”. 34′ más rápido.

Con el tiempo me siento feliz de como ha ido, tal vez me queda la duda de saber si puedo estar dentro de esas 20 horas y tal vez algún día las ganas y el cuerpo me pidan volver por tercera vez. Es un carrerón y no se puede descartar pero no creo que sea en 2017. En el avituallamiento le comenté a Bea que creía que lo había dado todo en esta carrera, pero en caliente ya se sabe…

Entrada a meta. Levanto la mochila en agradecimiento a la gente de Viladomat que colabora con el material.

 

El último tramo lo corrí con el corazón y la camiseta del equipo!!!!
Estas son las pintas de un tío destrozado.

Lo que más duele de una lesión

Corría julio del año pasado, cuando bajando del coll Jovell me torcí el tobillo. Fue una de esas torceduras en las que vas con todo, revolcada por el suelo incluida. En ese momento obviamente me dolía mucho el tobillo, eso y que los turistas que me vieron y oyeron, me ignorasen por completo. No entiendo muy bien eso de mirar hacía otro lado. Supongo que las ciudades insensibilizan de tal manera que luego no se les puede pedir más, eso o que básicamente eran unos capullos. Yo, también soy un poco capullo, pudiendo pedir ayuda decidí bajar hasta casa apoyándome en mis bastones para luego aplicar hielo y comprar una tobillera. A los quince días me visitaría mi gran amigo Jorge y la idea era correr la Outdoor Games, con lo cual no había tiempo que perder. ERROR.

Paré unos días y volví, de hecho ni tan mal, y corrí la carrera, y ni tan mal. Pero al volver a entrenar las torceduras eran más seguidas y mis periodos de descanso para recuperar más cortos, pues en poco tenía mi gran objetivo, UltraPirineu. Mi tobillo era un desastre, bajar que es una de las cosas que más me pirran se convertiría en un suplicio y eso si era un dolor. Convertí mi hobby en una obligación y debo reconocer que en muchos momentos no disfruté de la actividad.

Con ese panorama me presenté a una de las ultras más laureadas de los últimos años, con más dudas que certezas. No sé si las certezas me acompañan mucho en las salidas, pero en esta ocasión mis dudas si eran un lastre. Al principio todo bien, de hecho dudo que pueda mejorar mucho en los tres primeros puntos de paso. Luego llegando casi a Bellver volví a torcerme, con todo, al suelo. En esta ocasión si que me encontré con la ayuda de los demás, despacio me levanté y llegué a la base de vida pensando que se había acabado. Allí una fisio me comentó que tenía el tobillo muy bloqueado, que me lo había desbloqueado un poco, que al día siguiente me dolería. El resto de la historia es conocido. Logré acabarla y el tobillo soportó bien.

Pasaron los días y pensaba que en los consiguientes meses bajando el volumen y corriendo por asfalto el tobillo se recuperaría. ERROR. En unas clases colectivas del gimnasio, haciendo ejercicios de inestabilidad sufrí otra torcedura, con revolcada, con todo. Ahí decidí, por fin, que ya estaba bien. Me puse en manos de unos fisios. La sorpresa fue encontrarme a Jan, con el que había jugado a hockey hielo en la infancia y Maria. Ellos pusieron remedio a ese débil tobillo.

Lo que más me dolió nunca fue el tobillo. En realidad lo que más me dolía era dudar de mi capacidad, de saber si podría volver a hacer lo mismo. Joder dudar de uno mismo, eso si duele. Los fisios me salvaron en diciembre pero el dolor más grande lo he ido recuperando solo, cuando volví a correr, competir y poco a poco ví que podía volver a apretar donde antes era imposible. Os hablo de mayo más o menos. Ahora vuelvo a reír cuando bajo y me veo capaz de afrontar de nuevo Ultrapirineu y con la intención de mejorar.

En el tobillo me ha quedado un crujido perpétuo al hacer según que movimiento, pero las dudas se han casi desvanecido. La lección esta aprendida, ante lesión ponerse rápido en manos de expertos.

 

Pertenecer a un grupo.

Hasta hace bien poco, cada vez que me inscribía en una carrera, en el apartado donde ponía “Club” no podía escribir nada. Dejaba un vacío vamos.

El momento de una inscripción, al igual que en el momento en el que recoges un dorsal es bastante mágico. Es ahí donde pones mucha ilusión, esfuerzo personal y algunos euros. Al principio he de reconocer que no me importaba mucho no tener con que rellenar ese hueco. Me sentía incluso un poco pirata, no os voy a engañar, y eso mola. Pero bueno eso fueron las primeras veces. Luego en las salidas iba viendo a grupos de gente, todos con sus uniformes flamantes, sonriendo mientras comentaban la jugada y me empecé a sentir un poco un outsider. Lo mismo cuando miras las clasificaciones y te ves cada vez más arriba y cada vez son menos los que comparten contigo ese vacío. Luego piensas que tal vez debieras sacarte alguna licencia de montaña y tal, pero claro hace falta formar parte de un Club.

Es ahí donde este invierno pensé que había llegado el momento de entrar en un Club. Es ahí donde te asaltan dudas, y la verdad es que pensé en varias opciones, pero ciertamente por pereza o por no sentir que era algo con lo que identificarme lo dejé correr.

Hay veces que las cosas te vienen a buscar solas, y sería finales de primavera cuando en una de esas noches mágicas que vivimos en La Fada Ignorant, (alguna vez tendré que hablar de ellas) Mario me comentó la posibilidad de entrar a formar parte del equipo C.E. Sanloria. No lo dudé un instante, estaba hecho. Luego él me habló de la gente del Club, que era una cosa pequeña, más bien una familia, que eran unos luchadores, que también tenían fútbol… Cuando Mario está metido en el ajo no se le puede decir que no, es un tío que le pone todo el corazón.

A principios de verano nos reunimos para ver las equipaciones. Fue allí donde nos conocimos un poco todos y pudimos hablar de lo que hacíamos y compartir nuestros objetivos. Ahí estaban Julio, Rossend,los Xavis, Enric, Jessica… y como no Montse y Mario. Ahí empecé a sentir que pertenecía a un grupo. Para mi es importante, siento que es un paso más a mi arraigo en el país. Además de que ahora, cada vez que afrontamos una carrera toda la manada se preocupa de lo que hace el otro, con el plus de motivación que eso supone.

La verdad que en el gran evento que supone la Ultratrail Vallnord Andorra, los componentes del club obtuvimos muy buenos resultados y en carreras posteriores también. No es difícil cuando tienes compañeros como Julio. Yo me estrené con la equipación en la Cursa de la Festa Major d’Andorra la Vella donde conocí a Xesko, él se llevo la carrera en nuestra categoría, donde acabé cuarto.

Hoy no soy más rápido, tampoco menos pirata, pero aunque en las carreras, entrenamientos pasemos mucho tiempo solos, sé que detrás hay un equipo. Nos valoramos y nos admiramos por nuestros logros personales y me gusta que sea tan pequeño, tan familiar. Los apoyos que nos damos valen más que cualquier medalla de Strava.

 

Con Xesko estrenando las equipaciones
No me prodigo mucho por carreras de asfalto, pero esta valía la pena

 

 

Mi experiencia en la Mític 2016

Previo a la carrera

Los días previos a la carrera los pasé algo nervioso. Uno no para de visualizar la carrera en cualquier lado y conocedor de que esta vez el reto es mayúsculo la verdad es que ni tan siquiera logré conciliar el sueño muy bien.

Hay que explicar bien como acabo en este embrollo. Estaba planificando cuales podrían ser los retos de el 2016 y a Bea se le ocurrió lo que en ese momento me pareció una brillante idea. Podría repetir mis dos ultras en un mismo año y tratar de mejorar en ambas. Eso significaba que repetiría en Celestrail y Ultrapirineu, con la intención de ver si había aprendido la lección. Las cosas se complicaron un poco quedé en lista de espera en Ultrapirineu y cuando traté de inscribirme en la Celes el día anterior habían cerrado inscripciones. Que bajón, todo al traste, pero ahí estaba Bea para animarme como siempre. “Cariño podrías dar un paso adelante y apuntarte en la Mitic, pero hazlo ya, que no te vuelvan a cerrar las inscripciones.” La verdad es que no lo hice al instante, sabedor de que aunque la diferencia en distancia entre ambas carreras no es tanta, la dificultad a mi modo de verlo es abismal. Esto no sería un paso adelante, más bien un salto al vacío. Al final obtengo un dorsal para la Mític y de rebote para la Ultrapirineu.

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Ordino-Refugi Pla de l’Estany. Todos los principios son buenos.

La línea de salida atenúa algo los nervios. Ya no hay vuelta atrás y para eso hemos estado entrenando. Veo a gente conocida, Gonzalo, Jessica (compañera de equipo), Paco que también la corre… Trato de pasar desde dentro de la barrera el máximo tiempo que puedo con Bea y con dos grandes amigos Montse y Mario. Cuando ya queda poco me despido de ellos para ya colocarme dentro del pelotón. No me importa no ponerme muy adelante, pues sé que tenemos 5km sencillos entre carretera y camino ancho donde nos iremos estirando y consiguiendo posiciones.

Después de la aparición de unos gigantes, tiran algunos cohetes y pum ya estamos en tarea. Los primeros 5km los corro a un ritmo cómodo, a 6′ el km con lo que en media hora nos hemos plantado en Llorts. He reservado mi frontal hasta aquí, entre que el camino es sencillo y que la gente lo enciende desde el principio, veo bien. A partir de aquí cambiaron el recorrido, ya no subimos al Clot del cavall como hace 2 años cuando hice la Celestrail. Vamos por un sendero en fila de uno siempre cerca se encuentra Paco un compañero de carreras que también conozco de la tienda. El tramo es bastante más sencillo o al menos eso me parece. En 2h 44′ nos plantamos en el Refugio del Pla de l’Estany, entro en posición 78. En el primer avituallamiento se llega en un gran grupo, todo el mundo va a destajo. Aprovecho para rellenar mis botellas, cojo un poco de caldo que todavía no esta caliente, no me entra muy bien y al comer un poco de fuet siento un retortijón. Al ver que no me esta sentando nada bien me abrigo y salgo a por el próximo tramo.

Refugi Pla de l’Estany-Refugi Comapedrosa. Vamos a por el gigante.

Salgo rápido para encarar el primer tramo de subida que transcurre por prado alpino, al poco este se convertirá en un canchal por el que avanzar despacio entre roca y roca.He de reconocer que durante los entrenamientos previos a la carrera tuve una mala experiencia por estos lares, y me asaltan bastante las dudas. El ritmo de subida es realmente lento pero tampoco se puede avanzar. Así que en fila vamos llegando a la collada de Malhiverns y al ir al ralentir golpeo varias veces con mi frontal al chico francés que llevo delante. Al llegar al collado vemos la luna imponente del otro lado, esa imagen no se me borra. Coronamos el Comapedrosa, pico más alto de Andorra con 2942m. Paso en posición 104 y decido no entretenerme demasiado, aunque vale la pena ver a un gaitero a las tantas en ese lugar. La bajada empieza un poco técnica y ahí gano algunas posiciones. Al llegar al Estany Negre pisamos nieve y luego todo transcurre fácil hasta llegar al refugio. Paso en la mejor posición que obtendré en toda la carrera, el 64. Dentro del refugio me encuentro con Taka que va cojonudo en su Celestrail, Paco también está, de hecho sin hablarlo hemos ido casi todo el rato juntos. Intento alimentarme pero mis molestias persisten así que lo dejo para otro momento. En este momento pienso que cuanto menos me pare será mejor.

Refugi Comapedrosa-Coll de la Botella. Las cosas se empiezan a torcer.

Encaro la subida a la Portella de Sanfons con alegría, siempre me gusta subir. Sé que no me estoy alimentando ni hidratando como sería necesario pero las molestias persisten. Es cuestión de tiempo que el monsieur Mazo haga acto de presencia. La última bajada se me empieza a hacer larguísima, es a través de prado con hierba que resbala y se me empieza a complicar lo de correr. Sigo con Paco que hasta ahora ha sido mi compañero de batalla sin planteárnoslo, él tampoco va sobrado y lo vamos comentando mientras varios corredores nos van pasando. Al fondo siempre se divisa la luz del avituallamiento lo que nos da alas en busca de un pequeño respiro. En el último repechón me encuentro con Rosend, un compañero de Club. Le veo súper entero y con muchas ganas, no creo que vea el mismo reflejo en mi cara. Al llegar al avituallamiento me siento muy aplastado. Decido tomar más tiempo que en los anteriores, bebo caldo, es lo que más me entra. Mastico un poco de un sandwich y veo que Paco habla con su mujer con la intención de abandonar. Pienso que si Bea estuviera conmigo haría lo mismo. Decido no ponerme muy nostálgico y salir, hay que seguir hacia delante. A todo esto, posición 113.

Coll de la Botella-Margineda. Bienvenidos a Zombieland

El trozo que une el Coll de la Botella hasta la cuesta hacia el Bony de la Pica es un trozo de lo más corredor. Lo cierto es que lo intento pero a estas alturas me asaltan los pensamientos de la cama y un abrazo de mi mujer. Es complicado ver como te adelantan un montón de corredores y que tu cuerpo no responde. Un poco antes de llegar al repechón que nos lleva al Bony de la Pica me siento, me deshago de mi chaleco e intento alimentarme un poco. A duras penas un trozo de barrita y un gel, debo aprender a alimentarme en carrera larga. Al rato me incorporo y troto. AL llegar a la subida parece que mantengo mi posición pero al empezar a crestear diviso la bajada que me espera. No puede ser, pienso para mis adentros. Paso por aquí en posición 113, al iniciar el descenso y pasado el punto de control me saluda una mujer con su hija. Hace años había sido el coordinador del campamento de verano de la niña. Mi pinta es la de un zombie, apenas puedo ni hablar. El descenso es una locura donde destrozar los cuadricep, y como no se hace eterno. A lo largo de este adelanto a un corredor que va disfrazado de luchador de sumo, con el traje inflado, no doy crédito lleva el dorsal de la Ronda. Llegando al avituallamiento escribo a Bea le informo que en cuanto llegue lo dejo. Voy a ingresar en la cuenta de cadáveres que suma la Margineda. En uno de los últimos desvíos una persona me avisa que me estoy equivocando y me anima, sólo te quedan cinco minutos. Al llegar veo a Bea, Montse y Mario, me animan como locos mientras yo, fundido, intento amagar mi derrota. Al pasar por su lado encaro una cuesta hasta el colegio y cuando no ven mi rostro dejo caer unas lágrimas. Entro en el avituallamiento en posición 171.

Llegando a la Margineda después de un duro descenso.

Base de vida de la Margineda. Si quieres ir rápido ve solo, si quieres ir lejos ves acompañado.

Me siento hundido, muerto. Les informo que no continuo, que me quiero ir a casa que no doy para más. Ellos solo usan palabras de cariño y amor y me dicen que si no estoy lesionado debería seguir. A regañadientes me doy una ducha y me cambio la ropa. Me siento y mientras Bea me da un masaje, me tomo un batido proteico y consigo ir comiendo unos macarrones, un sandwich y algo de chocolate. Acaban convenciéndome de que lo pruebe, Mario me dice que si veo que no, me recoge en un punto intermedio donde le sería fácil llegar. Salgo con la idea clara de que lo que afronto es una empresa descabellada, pero ahí vamos. Después de una hora y nueve minutos abandono el avituallamiento envuelto en ánimos y el amor de unos amigos y de Bea. Sigo en la posición 171.

Creo que estas tres fotos describen muy bien como resucité. Del ni de broma, al tal vez, al vamos a por ello.

Margineda-Refugi de Claror. A veces lo que más tememos no es lo peor.

 

Aquí no han pasado ni 10′ que había salido del avituallamiento. Como dice Rafa Pons: “Tengo arte para destrozarme sin dejar de sonreír.”

Afronto la cuesta más larga de la carrera, de esas que tienes marcadas en el perfil en rojo. Al empezar el camino Bea, Montse y Mario me esperan para continuar animando. No les puedo defraudar. Parece que me he recuperado y lo que apriori me parecía una subida infernal se va sobrellevando a medida que empiezo a recuperar posiciones. Que bueno! Al llegar al Coll del Bou Mort me doy cuenta de que no me he percatado de en que punto Mario podía salvarme. Supongo que es buena señal. En este punto llegamos con un chico de aquí y dos valencianos, discutimos sobre si hay que subir a una cima o si ya estamos y ahora solo falta bajar. Imaginaros como son las cosas que uno de los valencianos se juega una barra de pan al no, una BARRA DE PAN!!! La verdad es que la hubiera ganado. Falta una bajada y ya estamos en el Refugi de Claror. Posición 154.

Refugi de Claror-Refugi de l’Illa. En el patio de casa.

Conozco este terreno como la palma de la mano. Gran parte de mis entrenamientos transcurren por la Vall del Perafita Madriu. Las buenas sensaciones prosiguen y me siento tan bien que aprovecho para llamar a Bea cuando paso por Estall Serrer. Ya he sobrepasado el ecuador de la carrera y llego relativamente bien al Refugi de l’Illa. Ficho en posición 137. En este refugio también me encuentro con Juanvi, un chico con el que coincidimos en la tienda. A estas alturas intercambiamos sensaciones pero coincidimos en que hay ganas de volver a reencontrarnos con los nuestros de nuevo.

Refugi de l’Illa-Bordes d’en Valira. Continuamos en racha.

Salimos junto a Juanvi con la mirada puesta en llegar lo más rápido posible a Bordes. La subida hasta el Coll de Pessons. Desde aquí las vistas son increíbles. Juanvi se ha distanciado así que todo transcurre con relativa soledad. El desplazamiento por este sector se me hace un poco pesado, todo es muy pedregoso y es complicado avanzar por aquí. Recuerdo mucho los momentos que he pasado por aquí en invierno, que distinto parece ahora. Al llegar al final de los Llacs de Pessons todo se simplifica y se puede volver a correr. Las sensaciones no son las mejores, pero es que ya llevamos mucho tute, así que me rebasan algunos corredores ante mi falta de constancia a la hora de darle fuerte a las piernas. En la última bajada y ya con Bordes a la vista escucho a mi gente gritar Vamos Nico!!! No os podéis imaginar lo que se le hincha el pecho a uno y la energía que da oír esos ánimos. A la llegada a Bordes veo que a Bea, Montse y Mario se les ha unido Vera, compañera de trabajo de mi mujer, que bueno.

Entrando en Bordes d’Envalira.

Base de vida Bordes d’Envalira. Parada para recargar.

Entro en posición 115 al avituallamiento. Al sacarme el chaleco, que es de color negro, me percato que esta lleno de sal. Estoy deshidratadísimo, es posible que la emoción de ir recuperando puestos me ha llevado a olvidarme de lo estricto que se tiene que ser para esto. Intento comer pasta mientras Bea me pone hielo en las rodillas que están tocadillas a estas alturas. Acabo metiéndome en una bañera que utilizan para dar de beber al ganado o algo así. Conversamos mucho y me dicen que mi cara es otra, que ahora si que saben que puedo. Mario se emociona un montón y nos abrazamos. Te quiero mucho amigo, eres puro corazón. Al salir miramos la posición y voy el 109, Mario me dice, tienes que ir a por el Top 100.

Recuperando las piernas como sea.

Bordes d’Envalira-Incles. Se avecina la segunda noche.

Subiendo al Coll de les Vaques

Empiezo a subir al Coll de les Vaques con alegría y bastante sólo, aunque a mitad de camino me uniré a una grupeta con la que iremos más o menos juntos. El sol se empieza a poner y con la puesta empiezan a bajar las temperaturas. Me abrigo pues soy bastante friolero y con la paliza el cuerpo no regula igual. Llego a Incles con mucha ilusión sabiendo que ya tan solo quedan dos subidas para lograrlo, ya no hay marcha atrás. Entro en posición 96. Dentro del refugio bebo bien, no como mucho a pesar de que hay pizza, y al oír a un corredor que dice que me llevaban mucho y que voy muy mejorado, decido salir rápido, con tal vez el error de meter lo del top 100 en una de mis obsesiones.

Incles-Refugi Coms de Jan. Las cosas se empiezan a torcer.

Encaro la cuesta que tengo apuntada como una de las más duras, subir a los Estanys de Cabana Sorda y luego hasta la cresta, es duro, pero si encima llevas 92 Km, la empresa se vuelve muy ardua. Al llegar a los lagos me encuentro con Josep, es cliente en la tienda y él esta compitiendo en la Ronda, que titán. No vamos todo el rato al lado pero vamos relativamente juntos. Aquí se me empiezan a torcer un poco las cosas, es difícil de explicar pero bajo la luz del frontal los relieves de las plantas y en las rocas empiezan a dibujar cosas en mi cabeza que en realidad no están. Es una tontería, una sombra que parece una culebrilla o una cara en una piedra. Hay que ver el cansancio y la deshidratación son criminales. He de reconocer que no duermo desde las 7 de la mañana del viernes y que en toda la semana no he dormido bien por la tensión. Llego a Coms de Jan, un refugio que conozco bien de nuestros inviernos en la vall de Ransol. Al entrar me encuentro con Pere Fortes, él esta descansando en una de las literas. Al sentarme con un café me siento totalmente aplastado, como si algo me apretara contra la silla con todas sus fuerzas. Espero que el café me despeje la cabeza y mientras Josep me informa que él va a ir tirando, le digo que yo voy a esperar un poquito, que para mi ahora es imposible. La lumbre que hay encendida es un poco lo que el canto de sirenas a los marineros.

Refugi Coms de Jan-Refugi Sorteny. Si puede ir mal, irá mal.

Intento salir rápido para encarar la que será la última subida, deseo ya llegar a Ordino. Lo cual es un gran error, aún queda mucho. Avanzamos por una ladera y en una de esas pierdo el paso y caigo hacia el lado de la pendiente. Oigo como al golpear un pequeño abeto este cruje y cede. Se queda todo a oscuras, estirado encima de un árbol y sin poder vislumbrar como es la caída que tengo a mis espaldas. Reconozco que me acojoné unos instantes hasta que me percaté que el frontal estaba colgando de la última rama del abeto. Me sentí un poco como en los dibujos animados de la Looney Tunes. Con tiento consigo hacerme con la maldita linterna. Salgo del atolladero y me pongo de nuevo en marcha. Estoy totalmente solo. A lo lejos divisas pequeños puntos de luz pero nada más. En estos momentos me acuerdo muchísimo de la gente que me empuja para que llegue hasta aquí i grabé un vídeo al límite de mis fuerzas agradeciendo a todas las personas que me apoyaron. VER VIDEO. Llego a la Collada de Meners. En el briefing dicen que aquí puedes gritar que eres el rey del mundo. Si soy sincero articulé un grito de “Aaaaaaahh!” Ahogado, cansado, como soltando lo poco que me quedaba. Para nada me sentía el rey de nada. Inicio la bajada que me tiene que llevar hasta el refugio de Sorteny. Hace tiempo que a mi reloj GPS se le ha ido la olla así que no se muy bien cuanto me queda. Cuanto dependemos de la cacharrería en estos tiempos. Por el camino me topo con dos franceses y les pregunto que si saben cuanto nos falta, me dicen que se lo diga en inglés, pero ni aun así. Se marchan y aquí tengo la anécdota más curiosas. Siguiendo sus frontales veo las vallas del refugio de Sorteny clarísimamente. Al llegar no serán más que árboles. Ahora me siento como el que ve un oasis en medio del desierto. Al final llego al refugio, hecho polvo. Quedan 12 Km más o menos. como un poco y un café. Posición 95.

Refugi Sorteny-Ordino. Lo conseguí.

Salgo lo más apurado que puedo ya no queda ningún tramo técnico. Bajo y aparezco por el Serrat, antes he llamado a mi mujer para advertirle que no voy sobrado que tardaré más en este trayecto, me cuesta trotar en ocasiones hasta en llano. Al pasar por el Serrat me acuerdo que Marina, una compañera del curro, me advirtió que por ahí pasaban muchos cadáveres, que ella lo había visto cuando vivía ahí. Seguramente mi aspecto es ahora el de muerto viviente. Van pasando los Km y voy perdiendo alguna posición con la obsesión que he pillado con ese Top 100. Cuando diviso Ordino al fondo logro trotar de nuevo, recuperar algún puesto y en la última cuesta oigo los gritos de nuevo. Bea, Montse y Mario, estos son icombustibles. Agacho la cabeza y escondo lo que puedo la cara en mi chaqueta, lloro, ha sido muy duro. Entro en posición 98. Me siento y recibo el cariño de los voluntarios y de las personas que me han llevado en volandas.

 

Llegada a Ordino tratando de que no se note que estoy llorando.

Conclusiones

He acabado esta carrera. No tiré la toalla porque hay gente que esta más loca que yo y me empujó a seguir. Pero me quedo con la impresión de que la carrera me ha doblegado por completo, sobretodo a nivel mental. Se ha llevado un trozo muy grande. Me he alimentado e hidratado fatal. Los días posteriores bebí un montón y tardé varios días en perder la sensación de que estaba totalmente deshidratado. Supongo que acabar me ha dado experiencia, que básicamente es lo que obtenemos cuando no conseguimos lo que queremos. Al acabar dije que nunca más, ahora pienso que tal vez aún nos debemos un último baile, ya se verá.

 

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