Previo a la carrera

Los días previos a la carrera los pasé algo nervioso. Uno no para de visualizar la carrera en cualquier lado y conocedor de que esta vez el reto es mayúsculo la verdad es que ni tan siquiera logré conciliar el sueño muy bien.

Hay que explicar bien como acabo en este embrollo. Estaba planificando cuales podrían ser los retos de el 2016 y a Bea se le ocurrió lo que en ese momento me pareció una brillante idea. Podría repetir mis dos ultras en un mismo año y tratar de mejorar en ambas. Eso significaba que repetiría en Celestrail y Ultrapirineu, con la intención de ver si había aprendido la lección. Las cosas se complicaron un poco quedé en lista de espera en Ultrapirineu y cuando traté de inscribirme en la Celes el día anterior habían cerrado inscripciones. Que bajón, todo al traste, pero ahí estaba Bea para animarme como siempre. “Cariño podrías dar un paso adelante y apuntarte en la Mitic, pero hazlo ya, que no te vuelvan a cerrar las inscripciones.” La verdad es que no lo hice al instante, sabedor de que aunque la diferencia en distancia entre ambas carreras no es tanta, la dificultad a mi modo de verlo es abismal. Esto no sería un paso adelante, más bien un salto al vacío. Al final obtengo un dorsal para la Mític y de rebote para la Ultrapirineu.

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Ordino-Refugi Pla de l’Estany. Todos los principios son buenos.

La línea de salida atenúa algo los nervios. Ya no hay vuelta atrás y para eso hemos estado entrenando. Veo a gente conocida, Gonzalo, Jessica (compañera de equipo), Paco que también la corre… Trato de pasar desde dentro de la barrera el máximo tiempo que puedo con Bea y con dos grandes amigos Montse y Mario. Cuando ya queda poco me despido de ellos para ya colocarme dentro del pelotón. No me importa no ponerme muy adelante, pues sé que tenemos 5km sencillos entre carretera y camino ancho donde nos iremos estirando y consiguiendo posiciones.

Después de la aparición de unos gigantes, tiran algunos cohetes y pum ya estamos en tarea. Los primeros 5km los corro a un ritmo cómodo, a 6′ el km con lo que en media hora nos hemos plantado en Llorts. He reservado mi frontal hasta aquí, entre que el camino es sencillo y que la gente lo enciende desde el principio, veo bien. A partir de aquí cambiaron el recorrido, ya no subimos al Clot del cavall como hace 2 años cuando hice la Celestrail. Vamos por un sendero en fila de uno siempre cerca se encuentra Paco un compañero de carreras que también conozco de la tienda. El tramo es bastante más sencillo o al menos eso me parece. En 2h 44′ nos plantamos en el Refugio del Pla de l’Estany, entro en posición 78. En el primer avituallamiento se llega en un gran grupo, todo el mundo va a destajo. Aprovecho para rellenar mis botellas, cojo un poco de caldo que todavía no esta caliente, no me entra muy bien y al comer un poco de fuet siento un retortijón. Al ver que no me esta sentando nada bien me abrigo y salgo a por el próximo tramo.

Refugi Pla de l’Estany-Refugi Comapedrosa. Vamos a por el gigante.

Salgo rápido para encarar el primer tramo de subida que transcurre por prado alpino, al poco este se convertirá en un canchal por el que avanzar despacio entre roca y roca.He de reconocer que durante los entrenamientos previos a la carrera tuve una mala experiencia por estos lares, y me asaltan bastante las dudas. El ritmo de subida es realmente lento pero tampoco se puede avanzar. Así que en fila vamos llegando a la collada de Malhiverns y al ir al ralentir golpeo varias veces con mi frontal al chico francés que llevo delante. Al llegar al collado vemos la luna imponente del otro lado, esa imagen no se me borra. Coronamos el Comapedrosa, pico más alto de Andorra con 2942m. Paso en posición 104 y decido no entretenerme demasiado, aunque vale la pena ver a un gaitero a las tantas en ese lugar. La bajada empieza un poco técnica y ahí gano algunas posiciones. Al llegar al Estany Negre pisamos nieve y luego todo transcurre fácil hasta llegar al refugio. Paso en la mejor posición que obtendré en toda la carrera, el 64. Dentro del refugio me encuentro con Taka que va cojonudo en su Celestrail, Paco también está, de hecho sin hablarlo hemos ido casi todo el rato juntos. Intento alimentarme pero mis molestias persisten así que lo dejo para otro momento. En este momento pienso que cuanto menos me pare será mejor.

Refugi Comapedrosa-Coll de la Botella. Las cosas se empiezan a torcer.

Encaro la subida a la Portella de Sanfons con alegría, siempre me gusta subir. Sé que no me estoy alimentando ni hidratando como sería necesario pero las molestias persisten. Es cuestión de tiempo que el monsieur Mazo haga acto de presencia. La última bajada se me empieza a hacer larguísima, es a través de prado con hierba que resbala y se me empieza a complicar lo de correr. Sigo con Paco que hasta ahora ha sido mi compañero de batalla sin planteárnoslo, él tampoco va sobrado y lo vamos comentando mientras varios corredores nos van pasando. Al fondo siempre se divisa la luz del avituallamiento lo que nos da alas en busca de un pequeño respiro. En el último repechón me encuentro con Rosend, un compañero de Club. Le veo súper entero y con muchas ganas, no creo que vea el mismo reflejo en mi cara. Al llegar al avituallamiento me siento muy aplastado. Decido tomar más tiempo que en los anteriores, bebo caldo, es lo que más me entra. Mastico un poco de un sandwich y veo que Paco habla con su mujer con la intención de abandonar. Pienso que si Bea estuviera conmigo haría lo mismo. Decido no ponerme muy nostálgico y salir, hay que seguir hacia delante. A todo esto, posición 113.

Coll de la Botella-Margineda. Bienvenidos a Zombieland

El trozo que une el Coll de la Botella hasta la cuesta hacia el Bony de la Pica es un trozo de lo más corredor. Lo cierto es que lo intento pero a estas alturas me asaltan los pensamientos de la cama y un abrazo de mi mujer. Es complicado ver como te adelantan un montón de corredores y que tu cuerpo no responde. Un poco antes de llegar al repechón que nos lleva al Bony de la Pica me siento, me deshago de mi chaleco e intento alimentarme un poco. A duras penas un trozo de barrita y un gel, debo aprender a alimentarme en carrera larga. Al rato me incorporo y troto. AL llegar a la subida parece que mantengo mi posición pero al empezar a crestear diviso la bajada que me espera. No puede ser, pienso para mis adentros. Paso por aquí en posición 113, al iniciar el descenso y pasado el punto de control me saluda una mujer con su hija. Hace años había sido el coordinador del campamento de verano de la niña. Mi pinta es la de un zombie, apenas puedo ni hablar. El descenso es una locura donde destrozar los cuadricep, y como no se hace eterno. A lo largo de este adelanto a un corredor que va disfrazado de luchador de sumo, con el traje inflado, no doy crédito lleva el dorsal de la Ronda. Llegando al avituallamiento escribo a Bea le informo que en cuanto llegue lo dejo. Voy a ingresar en la cuenta de cadáveres que suma la Margineda. En uno de los últimos desvíos una persona me avisa que me estoy equivocando y me anima, sólo te quedan cinco minutos. Al llegar veo a Bea, Montse y Mario, me animan como locos mientras yo, fundido, intento amagar mi derrota. Al pasar por su lado encaro una cuesta hasta el colegio y cuando no ven mi rostro dejo caer unas lágrimas. Entro en el avituallamiento en posición 171.

Llegando a la Margineda después de un duro descenso.

Base de vida de la Margineda. Si quieres ir rápido ve solo, si quieres ir lejos ves acompañado.

Me siento hundido, muerto. Les informo que no continuo, que me quiero ir a casa que no doy para más. Ellos solo usan palabras de cariño y amor y me dicen que si no estoy lesionado debería seguir. A regañadientes me doy una ducha y me cambio la ropa. Me siento y mientras Bea me da un masaje, me tomo un batido proteico y consigo ir comiendo unos macarrones, un sandwich y algo de chocolate. Acaban convenciéndome de que lo pruebe, Mario me dice que si veo que no, me recoge en un punto intermedio donde le sería fácil llegar. Salgo con la idea clara de que lo que afronto es una empresa descabellada, pero ahí vamos. Después de una hora y nueve minutos abandono el avituallamiento envuelto en ánimos y el amor de unos amigos y de Bea. Sigo en la posición 171.

Creo que estas tres fotos describen muy bien como resucité. Del ni de broma, al tal vez, al vamos a por ello.

Margineda-Refugi de Claror. A veces lo que más tememos no es lo peor.

 

Aquí no han pasado ni 10′ que había salido del avituallamiento. Como dice Rafa Pons: “Tengo arte para destrozarme sin dejar de sonreír.”

Afronto la cuesta más larga de la carrera, de esas que tienes marcadas en el perfil en rojo. Al empezar el camino Bea, Montse y Mario me esperan para continuar animando. No les puedo defraudar. Parece que me he recuperado y lo que apriori me parecía una subida infernal se va sobrellevando a medida que empiezo a recuperar posiciones. Que bueno! Al llegar al Coll del Bou Mort me doy cuenta de que no me he percatado de en que punto Mario podía salvarme. Supongo que es buena señal. En este punto llegamos con un chico de aquí y dos valencianos, discutimos sobre si hay que subir a una cima o si ya estamos y ahora solo falta bajar. Imaginaros como son las cosas que uno de los valencianos se juega una barra de pan al no, una BARRA DE PAN!!! La verdad es que la hubiera ganado. Falta una bajada y ya estamos en el Refugi de Claror. Posición 154.

Refugi de Claror-Refugi de l’Illa. En el patio de casa.

Conozco este terreno como la palma de la mano. Gran parte de mis entrenamientos transcurren por la Vall del Perafita Madriu. Las buenas sensaciones prosiguen y me siento tan bien que aprovecho para llamar a Bea cuando paso por Estall Serrer. Ya he sobrepasado el ecuador de la carrera y llego relativamente bien al Refugi de l’Illa. Ficho en posición 137. En este refugio también me encuentro con Juanvi, un chico con el que coincidimos en la tienda. A estas alturas intercambiamos sensaciones pero coincidimos en que hay ganas de volver a reencontrarnos con los nuestros de nuevo.

Refugi de l’Illa-Bordes d’en Valira. Continuamos en racha.

Salimos junto a Juanvi con la mirada puesta en llegar lo más rápido posible a Bordes. La subida hasta el Coll de Pessons. Desde aquí las vistas son increíbles. Juanvi se ha distanciado así que todo transcurre con relativa soledad. El desplazamiento por este sector se me hace un poco pesado, todo es muy pedregoso y es complicado avanzar por aquí. Recuerdo mucho los momentos que he pasado por aquí en invierno, que distinto parece ahora. Al llegar al final de los Llacs de Pessons todo se simplifica y se puede volver a correr. Las sensaciones no son las mejores, pero es que ya llevamos mucho tute, así que me rebasan algunos corredores ante mi falta de constancia a la hora de darle fuerte a las piernas. En la última bajada y ya con Bordes a la vista escucho a mi gente gritar Vamos Nico!!! No os podéis imaginar lo que se le hincha el pecho a uno y la energía que da oír esos ánimos. A la llegada a Bordes veo que a Bea, Montse y Mario se les ha unido Vera, compañera de trabajo de mi mujer, que bueno.

Entrando en Bordes d’Envalira.

Base de vida Bordes d’Envalira. Parada para recargar.

Entro en posición 115 al avituallamiento. Al sacarme el chaleco, que es de color negro, me percato que esta lleno de sal. Estoy deshidratadísimo, es posible que la emoción de ir recuperando puestos me ha llevado a olvidarme de lo estricto que se tiene que ser para esto. Intento comer pasta mientras Bea me pone hielo en las rodillas que están tocadillas a estas alturas. Acabo metiéndome en una bañera que utilizan para dar de beber al ganado o algo así. Conversamos mucho y me dicen que mi cara es otra, que ahora si que saben que puedo. Mario se emociona un montón y nos abrazamos. Te quiero mucho amigo, eres puro corazón. Al salir miramos la posición y voy el 109, Mario me dice, tienes que ir a por el Top 100.

Recuperando las piernas como sea.

Bordes d’Envalira-Incles. Se avecina la segunda noche.

Subiendo al Coll de les Vaques

Empiezo a subir al Coll de les Vaques con alegría y bastante sólo, aunque a mitad de camino me uniré a una grupeta con la que iremos más o menos juntos. El sol se empieza a poner y con la puesta empiezan a bajar las temperaturas. Me abrigo pues soy bastante friolero y con la paliza el cuerpo no regula igual. Llego a Incles con mucha ilusión sabiendo que ya tan solo quedan dos subidas para lograrlo, ya no hay marcha atrás. Entro en posición 96. Dentro del refugio bebo bien, no como mucho a pesar de que hay pizza, y al oír a un corredor que dice que me llevaban mucho y que voy muy mejorado, decido salir rápido, con tal vez el error de meter lo del top 100 en una de mis obsesiones.

Incles-Refugi Coms de Jan. Las cosas se empiezan a torcer.

Encaro la cuesta que tengo apuntada como una de las más duras, subir a los Estanys de Cabana Sorda y luego hasta la cresta, es duro, pero si encima llevas 92 Km, la empresa se vuelve muy ardua. Al llegar a los lagos me encuentro con Josep, es cliente en la tienda y él esta compitiendo en la Ronda, que titán. No vamos todo el rato al lado pero vamos relativamente juntos. Aquí se me empiezan a torcer un poco las cosas, es difícil de explicar pero bajo la luz del frontal los relieves de las plantas y en las rocas empiezan a dibujar cosas en mi cabeza que en realidad no están. Es una tontería, una sombra que parece una culebrilla o una cara en una piedra. Hay que ver el cansancio y la deshidratación son criminales. He de reconocer que no duermo desde las 7 de la mañana del viernes y que en toda la semana no he dormido bien por la tensión. Llego a Coms de Jan, un refugio que conozco bien de nuestros inviernos en la vall de Ransol. Al entrar me encuentro con Pere Fortes, él esta descansando en una de las literas. Al sentarme con un café me siento totalmente aplastado, como si algo me apretara contra la silla con todas sus fuerzas. Espero que el café me despeje la cabeza y mientras Josep me informa que él va a ir tirando, le digo que yo voy a esperar un poquito, que para mi ahora es imposible. La lumbre que hay encendida es un poco lo que el canto de sirenas a los marineros.

Refugi Coms de Jan-Refugi Sorteny. Si puede ir mal, irá mal.

Intento salir rápido para encarar la que será la última subida, deseo ya llegar a Ordino. Lo cual es un gran error, aún queda mucho. Avanzamos por una ladera y en una de esas pierdo el paso y caigo hacia el lado de la pendiente. Oigo como al golpear un pequeño abeto este cruje y cede. Se queda todo a oscuras, estirado encima de un árbol y sin poder vislumbrar como es la caída que tengo a mis espaldas. Reconozco que me acojoné unos instantes hasta que me percaté que el frontal estaba colgando de la última rama del abeto. Me sentí un poco como en los dibujos animados de la Looney Tunes. Con tiento consigo hacerme con la maldita linterna. Salgo del atolladero y me pongo de nuevo en marcha. Estoy totalmente solo. A lo lejos divisas pequeños puntos de luz pero nada más. En estos momentos me acuerdo muchísimo de la gente que me empuja para que llegue hasta aquí i grabé un vídeo al límite de mis fuerzas agradeciendo a todas las personas que me apoyaron. VER VIDEO. Llego a la Collada de Meners. En el briefing dicen que aquí puedes gritar que eres el rey del mundo. Si soy sincero articulé un grito de “Aaaaaaahh!” Ahogado, cansado, como soltando lo poco que me quedaba. Para nada me sentía el rey de nada. Inicio la bajada que me tiene que llevar hasta el refugio de Sorteny. Hace tiempo que a mi reloj GPS se le ha ido la olla así que no se muy bien cuanto me queda. Cuanto dependemos de la cacharrería en estos tiempos. Por el camino me topo con dos franceses y les pregunto que si saben cuanto nos falta, me dicen que se lo diga en inglés, pero ni aun así. Se marchan y aquí tengo la anécdota más curiosas. Siguiendo sus frontales veo las vallas del refugio de Sorteny clarísimamente. Al llegar no serán más que árboles. Ahora me siento como el que ve un oasis en medio del desierto. Al final llego al refugio, hecho polvo. Quedan 12 Km más o menos. como un poco y un café. Posición 95.

Refugi Sorteny-Ordino. Lo conseguí.

Salgo lo más apurado que puedo ya no queda ningún tramo técnico. Bajo y aparezco por el Serrat, antes he llamado a mi mujer para advertirle que no voy sobrado que tardaré más en este trayecto, me cuesta trotar en ocasiones hasta en llano. Al pasar por el Serrat me acuerdo que Marina, una compañera del curro, me advirtió que por ahí pasaban muchos cadáveres, que ella lo había visto cuando vivía ahí. Seguramente mi aspecto es ahora el de muerto viviente. Van pasando los Km y voy perdiendo alguna posición con la obsesión que he pillado con ese Top 100. Cuando diviso Ordino al fondo logro trotar de nuevo, recuperar algún puesto y en la última cuesta oigo los gritos de nuevo. Bea, Montse y Mario, estos son icombustibles. Agacho la cabeza y escondo lo que puedo la cara en mi chaqueta, lloro, ha sido muy duro. Entro en posición 98. Me siento y recibo el cariño de los voluntarios y de las personas que me han llevado en volandas.

 

Llegada a Ordino tratando de que no se note que estoy llorando.

Conclusiones

He acabado esta carrera. No tiré la toalla porque hay gente que esta más loca que yo y me empujó a seguir. Pero me quedo con la impresión de que la carrera me ha doblegado por completo, sobretodo a nivel mental. Se ha llevado un trozo muy grande. Me he alimentado e hidratado fatal. Los días posteriores bebí un montón y tardé varios días en perder la sensación de que estaba totalmente deshidratado. Supongo que acabar me ha dado experiencia, que básicamente es lo que obtenemos cuando no conseguimos lo que queremos. Al acabar dije que nunca más, ahora pienso que tal vez aún nos debemos un último baile, ya se verá.

 

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