Hasta hace bien poco, cada vez que me inscribía en una carrera, en el apartado donde ponía “Club” no podía escribir nada. Dejaba un vacío vamos.

El momento de una inscripción, al igual que en el momento en el que recoges un dorsal es bastante mágico. Es ahí donde pones mucha ilusión, esfuerzo personal y algunos euros. Al principio he de reconocer que no me importaba mucho no tener con que rellenar ese hueco. Me sentía incluso un poco pirata, no os voy a engañar, y eso mola. Pero bueno eso fueron las primeras veces. Luego en las salidas iba viendo a grupos de gente, todos con sus uniformes flamantes, sonriendo mientras comentaban la jugada y me empecé a sentir un poco un outsider. Lo mismo cuando miras las clasificaciones y te ves cada vez más arriba y cada vez son menos los que comparten contigo ese vacío. Luego piensas que tal vez debieras sacarte alguna licencia de montaña y tal, pero claro hace falta formar parte de un Club.

Es ahí donde este invierno pensé que había llegado el momento de entrar en un Club. Es ahí donde te asaltan dudas, y la verdad es que pensé en varias opciones, pero ciertamente por pereza o por no sentir que era algo con lo que identificarme lo dejé correr.

Hay veces que las cosas te vienen a buscar solas, y sería finales de primavera cuando en una de esas noches mágicas que vivimos en La Fada Ignorant, (alguna vez tendré que hablar de ellas) Mario me comentó la posibilidad de entrar a formar parte del equipo C.E. Sanloria. No lo dudé un instante, estaba hecho. Luego él me habló de la gente del Club, que era una cosa pequeña, más bien una familia, que eran unos luchadores, que también tenían fútbol… Cuando Mario está metido en el ajo no se le puede decir que no, es un tío que le pone todo el corazón.

A principios de verano nos reunimos para ver las equipaciones. Fue allí donde nos conocimos un poco todos y pudimos hablar de lo que hacíamos y compartir nuestros objetivos. Ahí estaban Julio, Rossend,los Xavis, Enric, Jessica… y como no Montse y Mario. Ahí empecé a sentir que pertenecía a un grupo. Para mi es importante, siento que es un paso más a mi arraigo en el país. Además de que ahora, cada vez que afrontamos una carrera toda la manada se preocupa de lo que hace el otro, con el plus de motivación que eso supone.

La verdad que en el gran evento que supone la Ultratrail Vallnord Andorra, los componentes del club obtuvimos muy buenos resultados y en carreras posteriores también. No es difícil cuando tienes compañeros como Julio. Yo me estrené con la equipación en la Cursa de la Festa Major d’Andorra la Vella donde conocí a Xesko, él se llevo la carrera en nuestra categoría, donde acabé cuarto.

Hoy no soy más rápido, tampoco menos pirata, pero aunque en las carreras, entrenamientos pasemos mucho tiempo solos, sé que detrás hay un equipo. Nos valoramos y nos admiramos por nuestros logros personales y me gusta que sea tan pequeño, tan familiar. Los apoyos que nos damos valen más que cualquier medalla de Strava.

 

Con Xesko estrenando las equipaciones
No me prodigo mucho por carreras de asfalto, pero esta valía la pena

 

 

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