Corría julio del año pasado, cuando bajando del coll Jovell me torcí el tobillo. Fue una de esas torceduras en las que vas con todo, revolcada por el suelo incluida. En ese momento obviamente me dolía mucho el tobillo, eso y que los turistas que me vieron y oyeron, me ignorasen por completo. No entiendo muy bien eso de mirar hacía otro lado. Supongo que las ciudades insensibilizan de tal manera que luego no se les puede pedir más, eso o que básicamente eran unos capullos. Yo, también soy un poco capullo, pudiendo pedir ayuda decidí bajar hasta casa apoyándome en mis bastones para luego aplicar hielo y comprar una tobillera. A los quince días me visitaría mi gran amigo Jorge y la idea era correr la Outdoor Games, con lo cual no había tiempo que perder. ERROR.

Paré unos días y volví, de hecho ni tan mal, y corrí la carrera, y ni tan mal. Pero al volver a entrenar las torceduras eran más seguidas y mis periodos de descanso para recuperar más cortos, pues en poco tenía mi gran objetivo, UltraPirineu. Mi tobillo era un desastre, bajar que es una de las cosas que más me pirran se convertiría en un suplicio y eso si era un dolor. Convertí mi hobby en una obligación y debo reconocer que en muchos momentos no disfruté de la actividad.

Con ese panorama me presenté a una de las ultras más laureadas de los últimos años, con más dudas que certezas. No sé si las certezas me acompañan mucho en las salidas, pero en esta ocasión mis dudas si eran un lastre. Al principio todo bien, de hecho dudo que pueda mejorar mucho en los tres primeros puntos de paso. Luego llegando casi a Bellver volví a torcerme, con todo, al suelo. En esta ocasión si que me encontré con la ayuda de los demás, despacio me levanté y llegué a la base de vida pensando que se había acabado. Allí una fisio me comentó que tenía el tobillo muy bloqueado, que me lo había desbloqueado un poco, que al día siguiente me dolería. El resto de la historia es conocido. Logré acabarla y el tobillo soportó bien.

Pasaron los días y pensaba que en los consiguientes meses bajando el volumen y corriendo por asfalto el tobillo se recuperaría. ERROR. En unas clases colectivas del gimnasio, haciendo ejercicios de inestabilidad sufrí otra torcedura, con revolcada, con todo. Ahí decidí, por fin, que ya estaba bien. Me puse en manos de unos fisios. La sorpresa fue encontrarme a Jan, con el que había jugado a hockey hielo en la infancia y Maria. Ellos pusieron remedio a ese débil tobillo.

Lo que más me dolió nunca fue el tobillo. En realidad lo que más me dolía era dudar de mi capacidad, de saber si podría volver a hacer lo mismo. Joder dudar de uno mismo, eso si duele. Los fisios me salvaron en diciembre pero el dolor más grande lo he ido recuperando solo, cuando volví a correr, competir y poco a poco ví que podía volver a apretar donde antes era imposible. Os hablo de mayo más o menos. Ahora vuelvo a reír cuando bajo y me veo capaz de afrontar de nuevo Ultrapirineu y con la intención de mejorar.

En el tobillo me ha quedado un crujido perpétuo al hacer según que movimiento, pero las dudas se han casi desvanecido. La lección esta aprendida, ante lesión ponerse rápido en manos de expertos.

 

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