Previo a la carrera

Después de la Mític, costó un poco recuperar las piernas. Pero con paciencia fui encontrando de nuevo las sensaciones. Una de las premisas que me puse en los entrenamientos fue la de comer cada hora. La clave para la carrera debía pasar por tolerar mejor geles, barritas y bebidas que en la Mític. La idea básica era evitar dolores estomacales y los pajarones que los acompañan. Esa parte salió bien, por lo que me sentía realmente confiado y el único recuerdo que tenía de la Mític en el previo eran unas molestias en el psoas. En una entrevista previa a una UTMB Miguel Heras decía algo así como: “quien no llega con algún rasguño (refiriéndose a molestias o problemillas) a estas carreras, es que no ha hecho lo necesario para estar en la línea de salida.” Así que me lo tomo al pie de la letra, no voy a contradecir a un campeón.

Una de las buenas noticias que tuve a lo largo del verano fue que Viladomat, la empresa para la que trabajo, me iba a apoyar a través de la marca francesa Raidlight. Es innegable que fue una motivación extra para seguir golpeando los caminos, y algo de presión extra obviamente para mejorar.

Llegamos a Bagà por la tarde del viernes, la idea recoger el dorsal y volverse a casa. Nada más llegar empieza a llover. Me encuentro con Albert Calvó, con quien ya coincidí en la anterior edición. Me pregunta como me planteo la carrera. Le comento que igual que el año anterior salir rápido y ver como me voy regulando. Él se ríe porque en 2015 me sobrepasó en uno de los últimos avituallamientos y ya no lo alcancé. Respeto mucho a corredores como él que atesoran gran experiencia (él participaba por tercera vez en esta carrera, tiene dos Rondas, Mític…) y me gusta escucharlos, pero sé que mañana no sabré salir despacio. Nos cae un gran aguacero pero antes de abandonar Bagà pasamos con Bea por el arco de salida y aprovecho para saludar a los chicos de Amer.

Por cercanía, la noche anterior duermo en Puigcerdà, en casa de mis padres. Voy temprano porque me despertaré sobre las 4:30 para desayunar y me sorprendo con la facilidad que concilio el sueño. Me como el típico pastel energético y bebo bastante agua. Sobre las 5:30 cogemos el coche con mi padre, pongo algo de música jazz, me siento bastante relajado y sólo pienso de vez en cuando en el psoas.

Me gusta entrar temprano en el corralillo, me coloco en el mismo sitio que el año anterior, bastante cerca de donde se colocará la élite y escorado a la derecha. Manías, que si un día fue bien pues lo mantengo. Que tonterías que tenemos. Al rato se va llenando y veo a Albert. Me comenta si seguiré con la idea de salir fuerte, si no aprendí nada, y tirando de ironía me muerdo una mano haciendo el gesto de: a machete. Se nota que esta edición no es tan deslumbrante por delante como la anterior, y es que ni esta Kilian, ni Núria, ni Emelie, ni Mira… Pero en un instante y fuera del corralillo de élite se aparece Miguel Heras. Supongo que escapa de las preguntas de Depa, el speaker, y charlamos de como ve el tema y si nos va a pillar mucho frío por el Niu. A los pocos minutos de la salida se despide y se pone delante. Nos damos la mano con Albert y con otro andorrano que se nos ha unido y que me perdonará pero no recuerdo su nombre. Todos más o menos tenemos un tiempo objetivo similar.

Haciendo el tonto el día antes.

 

Bagà-Rebost: Al principio todos somos niños.

Suenan los acordes del último mohicano, y rodeado de unas mil personas es inevitable que se tensen un poco los músculos. Con poca gente lo he comentado, pero lo cierto es que no creo que pueda mejorar el tiempo de los dos primeros cortes. La salida es una locura, se abandona la plaza porxada por un estrecho callejón. Se forma un gran embudo y después se atraviesan las calles de Bagà. Algunos corredores salen como al sprint, otros saludan a las gentes que se agolpan a los laterales y yo busco un ritmo cómodo que me ubique en una posición intermedia.

El principio de esta carrera es un ascenso de 1900 metros de desnivel en unos 14 km, hasta el Refugi de niu de l’àliga. Subo a un ritmo bastante bueno y en los trozos de pista puedo correr bien. Alternando los trozos de pista nos encontramos partes a través de bosque. En un momento escucho muchos gritos, aprovecho para sacar la cámara y grabar un poco a la gente que anima. Es espectacular el ambiente de esta prueba.

Llego al refugi de Rebost, primer control de carrera. Me llevo una buena sorpresa, paso con 1h19’38” casi dos minutos más rápido que la vez anterior. Además me siento bien y hace un tiempo que he decidido que como me ha sentado bien la comida y me queda la suficiente no voy a detenerme. Paso en posición 198.

Rebost-Niu de l’àliga: Un mar de nubes.

La cosa sigue subiendo y me siento bastante bien. Cuando empecé con esto disfrutaba más en las bajadas, ahora y gracias al esquí de montaña disfruto un montón las subidas. También conozco mucho mejor mi cuerpo. Ganando altura es inevitable alucinar con las vistas del Pedraforca a la izquierda, y un poco más arriba, del valle de la Cerdanya. Esta inundado en un mar de nubes, pero aquí nos da un sol buenísimo. Pienso que Bea estará muy preocupada. La verdad es que pasé más frío el año anterior, con un viento muy racheado. Antes de llegar al lomo que gira hacia la izquierda que nos llevará hasta el refugio, hay una subida que esta repleta de escalones altos. Para superarlos noto bastante molestia en el psoas, pero nada que no se pueda soportar. Pero en un descuido resbalo en una roca y golpeo mi pie dejándolo medio atascado entre dos piedras. Es justo en el lugar donde aparecen los juanetes y aunque yo no tengo, puedo sentir una punzada terrible. Cada apoyo después es un pinchazo, pero sigo avanzando fuerte con la intención de que entrando en calor se me pasará.

Divisando el Refugio hay un último tobogán una bajada para luego subir. Me encuentro entre un grupo de portugueses y es inevitable que les suelte un chascarrillo verde que me enseñó Paulo, un compañero del curro. A los chicos les hace gracia. Ya llegando al Refugio aprovecho para sacar de nuevo la cámara. Aquí se amontona mucha gente formando un pasillo al estilo del Tour de Francia y el subidón es brutal.

Al pasar el control mi tiempo es de 2h33’45” bajando 5 minutos mi registro anterior. En el avituallamiento aprovecho para hidratarme muy bien y comer, me lo tomo con calma pues creo que la cosa va mucho mejor de lo que esperaba. Posición 185.

Muy cerca del Refugio de Niu de l’Àliga, al fondo el valle de la Cerdanya inundado en nubes.

Niu de l’Àliga-Serrat de les Esposes. No todo iba a ser tan fácil.

Salgo de Refugio y me paro un segundo para guardar mis bastones a la espalda y reordenar un poco mi material. Al empezar el descenso pienso que lo de guardar los bastones tal vez no fuera mi mejor idea. La bajada empieza empinada, técnica y con las lluvias del día anterior bastante resbaladiza. El chico que va delante mío tropieza y se va al suelo. Mientras yo intento ir trampeando la bajada como puedo, pero según en que movimiento de estabilización notó el tirón en el psoas y el dolor en el pie no desaparece. Cuando por fin la bajada se suaviza, atravesando una pequeña tartera me tropiezo y me llevo un revolcón. Controlo que no se me haya caído nada y arranco, no sin antes maldecirme por ser tan tonto. La cosa es que no habrán pasado ni 200 metros que me vuelvo a ir al suelo. Vamos chaval que estas haciendo.

La bajada transcurre a través de bosque y después de mis caídas intento ir con más cuidado. La cosa esta complicada porque las raíces mojadas son muy resbaladizas. También mucha piedra mojada y un tramo en el que te descuelgas por unas rocas. Al final un murmullo y una cuesta que nos lleva al Serrat de les Esposes. Miro el reloj y vaya he perdido toda la ventaja que llevaba. 4h50’24” dos minutos peor que el año anterior y  posición 256.

Serrat de les Esposes-Bellver. Afrontar un mal recuerdo.

Me alimento lo mejor que puedo en el avituallamiento e intentando no perder demasiado tiempo me dispongo a subir los 200 metros de desnivel que hay antes del largo descenso hasta Bellver. La subida empieza algo fuerte pero la verdad es que ahora solo pienso en encontrarme con Bea y Alba. Inicio la bajada sin olvidar que el año anterior en uno de los últimos tramos, antes de pisar los caminos y carreteras que nos llevaban al polideportivo, me torcí el tobillo en una sección donde se atraviesa una zona de rocas grandes. Al pasarla bastante bien me relajo pero he de reconocer que he pasado muy atenazado y que en el tramo de camino y carreteras se hace patente el cansancio acumulado. La llegada al polideportivo es uno de esos momentos espectaculares. Las calles aledañas están llenas de gente animando, niños que ponen las manos para que choques y a lo lejos los gritos de Bea animando como siempre.

Antes de entrar controlan que llevemos todo el material obligatorio, una vez dentro no pierdo tiempo en coger comida y bebida. Las voluntarias, son chicas que iban algunos cursos por delante en el colegio, y al reconocerme dicen: “mira aquest és de Puigcerdà” y me dan ánimos. Me siento y Bea se ocupa un poco de todo. Como la pasta bastante absorto pues estoy bastante cansado. Me cambio la ropa y parece que pasados 30′ estoy algo mejor. Paso en 6h22′ con lo cual he ganado unos 10′ al crono anterior. Posición 302.

Bellver-Cortals. De nuevo a la carga.

Salgo del polideportivo y Bea me comenta que por ahí esta Alba con mis suegros. Al salir la escucho gritar: “Hola papa”, no creo que sea muy consciente del follón en el que estoy. Le doy un beso y salgo. Recuerdo que el año anterior caminé bastante por este tramo, este sin embargo puedo salir corriendo bastante rápido. Los besos de la mujer que amas y tu niña son mejor que cualquier hidrato de carbono jajaja. Voy recuperando posiciones y pienso que con las prisas apenas he podido atender a Bea en el avituallamiento. Comer, cambiarse la ropa, beber y reponer comida en la mochila ha sido la prioridad. Siempre espero que lo entienda pero no debe ser fácil.

Es inevitable levantar la mirada y ver que por arriba de la sierra del Cadí lucen unas nubes que no tienen nada de buena pinta. A mitad del ascenso siento un bajón así que bajo el ritmo como y bebo bien y llego a Cortals donde reponer el agua era fundamental, llegué sequísimo. Paso 39′ más rápido que el año anterior y siento que el objetivo de entrar en 20 horas no es tan imposible. Posición 316.

Cortals-Aguiló. Reencuentros.

Disfrutando de la carrera

En esta parte de la carrera se suben 921 metros y se descienden 510, no cabe duda de que es un tramo exigente.Trato de salir fuerte y encarar la subida con bastantes ganas, es como me sale natural y como disfruto. Llegando ya muy cerca del final de la subida me encuentro con Álex. Lo conocí en la salida de la Mític 2015, yo fui a animar a Jordi y él le acompañaba. El año pasado también coincidimos un rato juntos. Si no recuerdo mal fue antes de llegar a Cortals, así que me alegro de que él también vaya mejorando bastante. Me despido sin pararme mucho pues Álex está tomando un descanso y yo ya tengo la cabeza en Prats de Aguiló.

En este sector pasamos por debajo del Cadí, siempre tengo la sensación de ser pequeño al pasar por aquí, por encima la roca desnuda. La naturaleza tiene bellas formas de recordarnos que no somos nada. Cerca del refugio, avanzamos por un prado y acelero un poco el paso con la intención de alimentarme y afrontar uno de los pasos más chulos de la carrera. Paso 26′ más rápido que el año anterior y es que como decía este tramo es duro y se me ha hecho más largo. Posición 296.

Aguiló-Gósol. A por la butifarra

Después de una buena comilona y reencontrarme con Álex, salgo dispuesto a encarar la subida a el Pas dels Gosolans. Es el segundo punto más alto de la carrera. Las nubes que parecen que hoy se han quedado a habitar en la cima, amenazan lluvia así que poco después de salir me pongo la chaqueta.

Subida al Pas dels Gosolans, al fondo el refugi de Prats d’Aguiló

Como veis en la foto es una subida de las chulas, y con mucha piedra suelta. En algunos momentos parece que das dos pasos adelante y uno para atrás. Arriba hace algo de viento y las nubes bailan con el camino. La verdad es que me siento bastante bien y encaro la larga bajada al pueblo de Gósol con la idea de comerme la butifarra.

Hacia el final de la bajada me encuentro con una pareja, ella esta por la labor de retirarse aunque yo la veo muy sólida. También coincido con una de las chicas que apareció en el temps d’aventura, es valenciana creo que se llama Jessica Mataix.

Llego al segundo avituallamiento con la satisfacción de no haber tenido que usar el frontal, pues el año anterior lo tuve que encender a mitad de bajada. Al llegar, lo prometido, me pillo la butifarra y rápido recojo mi bolsa de vida. No cambio muchas cosas, la camiseta y poco más. Dudo entre cambiar mis zapatillas, pero la molestia en el pie no me ha abandonado y la horma es un poco más estrecha. Las tenía sobretodo por cambiar el drop y castigar un poco la musculatura delantera, en cambio de la trasera que ya lleva 74Km.

Me entretengo algo menos que la otra vez y me dispongo a ir al refugio de Estasen. Paso solo 2′ más rápido que el año anterior. (esto me extraña mucho, por lo de la luz sobretodo) Posición 296.

Gósol-Estasen. Error de novato.

Afronto un tramo de unos 9Km relativamente sencillos. Antes de abandonar el control de salida enciendo el frontal y la verdad es que debería haber esperado pues ciego a la chica. Parece una tontería pero no me doy cuenta de que llevo el frontal Petzl Nao a toda máquina, y eso es mucho. La verdad es que se agradece la luz, y al igual que en Bellver siento que salgo flechado con respecto al año anterior.

La luz se agradece por que este tramo es muy húmedo, bueno este y hasta el final. Se pone a llovisquear un poco, apenas nada pero la niebla baja bastante. Muy cerca de Estasen siento que el frontal empieza a parpadear (aviso de que la batería esta por morir) y me extraño. Vaya empanada que llevo. Llego al avituallamiento y lo apago sin preocuparme más. Paso 45′ más rápido que el tiempo del año anterior (esto tampoco me cuadra, creo que no perdí tanto, ni gané tanto en este sector.) Posición 272.

Estasen-Gresolet. Se desvanece todo un poco.

La verdad es que salgo animado con el tiempo. No me avituallo porque el siguiente avituallamiento esta a 3Km, aunque es una terrible bajada de 555m sobre un terreno super resbaladizo. El año pasado sufrí frenando demasiado y los cuadriceps lo pagaron. También me lleve dos caídas de las guapas. Intento salir fuerte y frenando lo justo para pasar el trago lo más rápido posible, pero al poco el frontal se pone en emergencia, es una luz muy ténue, que te da para salir de un marrón pero no para bajar como deseo. Error de novato. Saco el frontal de reserva y lo utilizo para cambiar la batería. Jessica pasa con otro chico y se detienen para ver si todo va bien. Una de las cosas que no se debieran perder de este deporte es el compañerismo por delante de la competición. Una vez apañado el tema del frontal, esta vez me aseguro que esta en modo reactivo con lo que no me tendría que preocupar en toda la noche.

La llovizna a dejado el terreno muy complicado, pero siento que bajo mucho más fluido que el año anterior. Rápido me junto con Jéssica y el otro corredor. Cuando todo tiene buena pinta de repente resbalo y en el acto reflejo de apoyar la mano golpeo una raíz y siento una punzada en la mano. Cuando la miro veo que tengo una herida en la palma pero con todo el barro ignoro si esta es para puntos o no. La verdad es que primero me preocupa que no me moleste con los bastones y luego que no me hagan retirarme. Jéssica y el chico de nuevo se detienen me sabe mal e intento que no se preocupen, ahora bajo más lento, algo aturdido. Rápido escuchamos los gritos de un megáfono y es que el chico del avituallamiento nos cuenta que son el avituallamiento más pobre pero el más fiestero. Doy fe. Me limpio bien la herida y dos voluntarios me desinfectan vendan y salgo de nuevo para delante. Ahora solo pienso en acabar y que no duela. Aquí no hay control de tiempo.

La mano unos días después.

Gresolet-Vents del Cadí. Haciendo de tripas corazón.

Son 10 Km con unos 400m positivos y otra larga bajada de unos 800 metros. El acojone de la caída se me a pasado pero en este tramo el gemelo se me ha cargado sobre manera y es un dolor que ya no me permite llevar una zancada normal (si normal es la zancada que das a estas alturas. Tengo la sospecha que con el drop alto tal vez no hubiera ocurrido, pero nunca lo sabré.) Como puedo llego al avituallamiento y trato de alimentarme bien. El siguiente está a 4Km tras la famosa subida a els Empedrats y este ya no es muy extenso y sé que una vez arriba las ganas de llegar a Bagà serán enormes. Aquí tampoco hay control de tiempo.

Vents del Cadí-Sant Jordi. Els empedrats se me atragantan

Este tramo transcurre por un lugar que me consta que de día es precioso. Se suben unos 700 metros, y aunque parezca una tontería, en carrera mido los metros como en los entrenos. Pienso: “esto es como subir a Rámio desde casa y tengo el culo pelado de hacerlo.” La realidad bien diferente hace que en un sitio donde el año pasado disfruté subiendo fuerte, este año me sienta pesado. El gemelo no me deje pensar con la claridad que ahora agradecería y que los pasos del río a través de piedras mojadas además por la lluvia sea angustioso. Este sector no lo afronté como psicológicamente debiera, soy consciente, pero el cansancio juega malas pasadas a estas alturas. Poco antes de llegar al refugio hay un barrizal rojo en el que la zapatilla se hunde y gana ese peso que tanto nos gusta ahora al final. No cabe duda que llegar supuso un alivio. Comí un poco de frutos secos y chocolate y pedí que me dijeran con sinceridad en que consistía la última subida. “Son 250m. sin metiras.” Paso 50′ más rápido y en posición 243.

Sant Jordi-Bagà. Llegar cuanto antes.

Soy consciente antes de abandonar el avituallamiento que el objetivo de llegar dentro de las 20 horas va a ser imposible pero también sabía que la renta era buena para mejorar. Encaro la última subida con la duda sobre como responderá mi pierna en el descenso de 1000 metros que me esperan. Es una bajada que en su mayor parte transcurre por pista ancha y algo de carretera. No consigo correr muy suelto pero el no tener que hacerlo caminado ya es mucho. Ya en la carretera sé que ya lo tengo, atravieso el trozito del camping, que sufrimiento… y entro en Bagà. A lo lejos Bea me grita pero hoy voy concentrado en llegar rápido y no me detengo para darle un beso, que bien merecido tenía, pero como os cuento iba concentrado en no perder posiciones. Siempre cuando veo el arco de una carrera larga me dan ganas de llorar, se sufre para llegar, tanto como se disfruta. El día que no me emocione habrá perdido el sentido seguir haciéndolo y contaré batallitas en el bar. He conseguido entrar el 240 de los 1000 y algo que salíamos. He llegado en 21h49’40”. 34′ más rápido.

Con el tiempo me siento feliz de como ha ido, tal vez me queda la duda de saber si puedo estar dentro de esas 20 horas y tal vez algún día las ganas y el cuerpo me pidan volver por tercera vez. Es un carrerón y no se puede descartar pero no creo que sea en 2017. En el avituallamiento le comenté a Bea que creía que lo había dado todo en esta carrera, pero en caliente ya se sabe…

Entrada a meta. Levanto la mochila en agradecimiento a la gente de Viladomat que colabora con el material.

 

El último tramo lo corrí con el corazón y la camiseta del equipo!!!!
Estas son las pintas de un tío destrozado.
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